16 febrero 2010

La nueva Isla de Titi


La Isla se cambia de sitio, como la de Lost... :D

Parece que tengo una especie de atracción hacia las islas. Pues mejor, por que así no tengo que cambiar el nombre del blog.

La nueva isla de Titi está ahora frente a las costas occidentales de Escocia. Se llama Arran. Es más pequeña que Ibiza, y tan sólo tiene unos 4.000 habitantes. Ovejas, destilerías y turismo local en verano. Un sitio tranquilo.

...Ahora les toca a los escoceses... :)

18 agosto 2009

The call


Siento cambiar de tema repentinamente y sin haber dicho nada interesante sobre la playa española, pero es que Islandia me llama de nuevo...
...y no sé qué hacer... El frío y la oscuridad del invierno me echan para atrás, y lo mismo puedo decir de los islandeses, glaciares y altivos... Pero La Isla tiene un gran poder sobre mí, y me llaman desde allí, me ofrecen trabajo (sin haberlo buscado, que es lo más llamativo, y mucho más dentro de esta etapa económica tan mala que cruzamos muchos, personas y países).................... y la duda se apodera de mí...
Muchas son las razones para volver... Fui allí sin nada entre las manos, sin trabajo, sin casa, sin amigos; y volví con las manos llenas de buenas personas y de momentos inolvidables de por vida. Ya conozco un poco el idioma, me apaño con los indígenas y he aprendido a patinar sobre nieve por las calles... Sé comoportarme entre ellos las noches de fiesta, y me desenvuelvo con facilidad con los críos, y eso que son canela en rama, más cerca de un extraterrestre que de un humano, sin lugar a dudas...
Pero como he dicho antes, también hay muchas razones para no volver. Plantearme pasar un invierno entero, otra vez, me da un poco de vértigo, o a lo mejor claustrofobia, un poco... El primer invierno todo es nuevo, cada día es un pequeño descubrimiento: los tipos de nevadas, las ventiscas, las auroras boreales, los cielos, con sus nubes y sus colores, los paisajes de hielo, el aprender a estar en casa mucho tiempo, el patinar sobre las aceras, la sensación de frío, de más frío y de muchísimo frío, las artimañas para combatirlo...cada día es una pequeña aventura. Pero me da la impresión de que la segunda vez no puede ser igual. Me da miedo verme un día oscuro y frío, mirando por la ventana de mi habitación y preguntándome por qué estoy tan lejos de mi casa... Y es posible que eso no pase, pero por ahora prefiero ahorrarme la ocasión, pues quien la evita, evita el peligro.
Así que aparco la tentación y sigo con mis planes primigenios. Islandia siempre estará ahí.

06 agosto 2009

La nueva Isla de Titi


Me da mucha pena abandonar el blog.
Y aunque sé que ya no voy a contar más cosas de Islandia, puede que sea interesante obervar mi entorno actual y verlo con ojos más objetivos, pues estar fuera un tiempo te da una visión de tu mundo diferente, y percibes mejor los pequeños detalles, que son los que dan carácter a una cultura.
Ahora estoy en la playa, en una playa del sureste español. La playa donde he veraneado casi toda mi vida, una playa como las demás, con sus domingueros, sus chiringuitos, sus sombrillas y su desorden ordenado.
La playa es como otro mundo. En la playa se permiten cosas, situaciones, impensables en otro lugar. En la playa todos somos niños. Por eso nos gusta tanto la playa, a los que nos gusta... Al que no le gusta es porque no ha estado en una playa "normal", como la mía. Lo que no es normal es tener que madrugar para coger sitio en la arena, o que en el agua tengas 1 metro cuadrado para nadar....eso no es normal, eso es una m.....
Mi playa tiene las arenas blancas y las aguas cristalinas, casi nunca hay grandes olas, y siempre hay sitio de sobra en la arena para extender tu toalla y desparramarte en ella... No son aguas traicioneras y tampoco hay traidores que te roben mientras te bañas (al menos por ahora).
Hay gente con chalés, con pisos, en hoteles, en alquiler, y gente que viene a pasar el día. Los fines de semana se multiplica por dos la cantidad de gente en la playa, y aún así, sigue quedando sitio de sobra, a cualquier hora del día.
Hay muchas familias, eso lo que más, y también muchos grupos de gente joven, amigos "de la playa", que juegan a las cartas, a las palas o fuman porros (o todo junto). Hay de todo. Pero sobre todo hay buen rollo.
Se nota cuando la gente está de vacaciones, y los ánimos se relajan. Como decía más arriba, nos podemos comportar como niños sin sentir ninguna vergüenza. Podemos hacer castillos, enterrarnos en la arena, tirarnos bolas de arena, o rebozarnos en ella, sin ningún tipo de problema. No importa quién nos vea. Todo está permitido: estamos en la playa.

¡Qué bien que existe un lugar como la playa!

Seguiré contando cosas, por si a alguien le interesa.

02 junio 2009

Empezando a decir adiós...

Comienzan a llegar las 'últimas veces'... 
Última semana de trabajo, última vez que voy al cine, última vez que voy a un sitio, última vez que veo a alguien... 
La verdad es que parece que hace mil años que llegué, cuando pienso en los primeros días de clase, en mis paseos bajo la nieve para buscar trabajo, o cuando llevaba un mapa en el bolso para no perderme por la ciudad... 
Es una sensación agridulce lo que siento cuando pienso que llegó a su fin. 
Por un lado, quiero volver a mi casa, a estar con mi gente y a disfrutar del calor y del verano, de las comidas, del ambiente en general, de mi sitio. Por otro, ya me he acostumbrado a estar aquí, tengo mi rutina y mis hábitos, mis lugares, mi trabajo al que me he adaptado totalmente, mi pequeña soltura con el idioma, y mis amigos, por encima de todo. 
Peeeero, como con algunas otras cosas, tiene gracia porque tiene fin. No podría plantearme establecerme aquí, porque a pesar de haberme adaptado perfectamente a esta vida en Islandia, creo que soy demasiado española para poder hacer una vida completa en estas tierras. Las relaciones sociales son diferentes, la gente es muy diferente, y el ejemplo está en que los extranjeros aquí somos una piña, que se mueve en manada en medio de las hordas islandesas...

Cosas buenas y cosas malas, como en todas partes y en todos los momentos de la vida...
Pero si lloro al irme, es porque he estado muy bien sobre todo. 

Etapas que se cierran... 

Y otras que se abren. 





23 mayo 2009

Contagiando mi locura


Hace un par de semanas, mi hermana y 13 amigos más vinieron a Islandia de viaje. Le dieron la vuelta a la isla en una furgoneta enooorme, y yo les acompañé la mitad del viaje, hasta Egilstadir, pues el trabajo no me lo permitía más. 
Y es alucinante ver Islandia a través de los ojos de los que la descubren por primera vez...
Ver su felicidad absoluta al empezar cada día un tramo nuevo del viaje por esta tierra inimaginable... Y sus caras de asombro al descubrir sus maravillas, cada vez diferentes y que cada vez se superan... 
Después de varios años hablando de esta isla con toda mi euforia, es un placer sentirse comprendida por más gente. Ya no me siento como una loca obsesionada junto con Borja,... Islandia es así, no soy yo, Islandia vuelve loco... 
Ahora tengo en España a 14 pequeños obsesos con La Isla, que cada día la recuerdan y la añoran...
La magia de los parajes, la solitaria y extraña forma de vida en los pueblos y granjas, las estancias en lugares como Ósar o Húsey.... siempre Húsey...Húsey...Húsey... El mundo entero, con todos sus problemas y su tecnología y sus comodidades, me sobra cuando estoy en Húsey, y me quedaría allí de por vida... ¡Cómo envidio a Örn!!! 
Islandia te abre una parte del cerebro que tenemos dormida. Una vez despierta, no puedes apagarla de nuevo, y siempre querrás regresar para sentir ese cosquilleo en todo el cuerpo... 

Pero esta experiencia también me ha servido para observar cuán españoles somos los españoles... Para bien, y para mal...
Para bien por que la alegría y el optimismo de un español, por norma general, es mayor que la de cualquier otro europeo, pero más aún cuando van empandillados... Una broma tras otra, una risa tras otra... Ni siquiera los grupos de islandeses de 15 ó 17 años se comportan así, (siempre tan serios...). Los españoles llevamos en la sangre la cultura del cashondeo. Cualquier excusa y momento es bueno para bromear y hacer reir... Siempre riendo, siempre riendo... y eso es bueno. Al menos para mí, es la sal de la vida... 
Lo malo es... ¡¡¡lo escandalosos que somos!!! Nuestro tono de voz, nuestro gusto por gritar aunque no sea necesario, nuestras onomatopeyas y nuestra costumbre de hablar todos a la vez, y de hacer callar al otro aumentando nuestro tono de voz... Hemos sido la pesadilla de los viajeros que coincidían con nosotros en los hostels. No les hemos dejado dormir, y hemos invadido los espacios comunes haciéndolos nuestros. Cierto es que éramos 15, y que si estábamos en un salón o en la cocina, lo llenábamos todo... Pero pegar gritos desde una punta de la casa a la otra también es invadir el espacio... Realmente, no tiene una excesiva importancia, pues todos estábamos de vacaciones, pero deja claro ese desorden ordenado que vivimos en España y que tanto nos diferencia de los demás europeos. 
Al final, todo ha salido a la perfección, pero a base de gritar y gritar, para hacerme oír entre un gallinero de conversaciones. Ha sido mmmmmuy divertido, para nosotros, claro... 
Mi conclusión al respecto, es que la fiesta es inherente al español, y que la seriedad se restringe a las cosas realmente serias. Todo lo demás es objeto de cachondeo. Y está comprobado que la vida puede vivirse así, pues España es la octava, novena o décima potencia mundial, y tenemos más fiestas que nadie... :D  
Va por vosotros, chicos:   ¡¡¡Soooomos una manada de Peeeipos....!!!!   ¡Viva España!!!!   Jajajajajajaja...!!!!

16 mayo 2009

Bless, bless, nótt...


Desde hace unos días, ya no existe la noche en Islandia... Adiós, noche!
Tras haber sufrido un par de meses de oscuridad, donde la noche duraba casi 20 horas, hemos pasado, sin apenas darnos cuenta, al día perpetuo, y con ello, a la perpetua actividad... 
Cuesta meterse en la cama cuando, en el momento que debes dormir, comienza a dar el sol en tu ventana...
Mi habitación está orientada hacia el norte total. Durante el invierno, ni un rayito de sol se colaba por mi ventana. Tanto quejarme de su falta, que parece que me ha oído, y ha decidido que la noche es el mejor momento para visitarme. Desde 9 de la "tarde" hasta las 7 de la mañana se pasea frente a mi ventanal... A ver quién es el guapo que se acuesta así!!! 
Hay mucha menos luz en mi habitación durante el día que por la noche...ufff!!! 
Y todo aquello que siempre había oido de los islandeses sobre su hiperactividad veraniega, lo estoy sufriendo en mis propias carnes... Me cuesta meterme en la cama, me cuesta dormirme, y cuando abres un ojo en medio de la "noche" y ves que hay tanto sol como a las 12 del medio día en España, pues te planteas levantarte y darte un paseo, ponerte en marcha..., de todo menos dormir...
Esta semana no he pasado de las 5 horas de sueño al día, y realmente no me encuentro cansada. Creo que cuando vuelva a España, pasaré dos dias durmiendo sin parar para compensar...  
Pero como todo, también tiene su parte buena. Y es que las luces de la noche no tienen comparación. Que mi ventana dé al norte me permite disfrutar de unos paisajes espectaculares. Cada rato cambia la dirección de la luz, la iluminación de las nubes, los colores de las montañas y del mar... El cielo se pone de todos los colores posibles, menos negro. En lo más bajo del horizonte aparece un rojo fuego, seguido de todas las tonalidades de naranja y amarillo, hasta llegar, incomprensiblemente, a un azul tan intenso como el de la base de una llama, un azul encendido, en miles de intensidades. 
Aparece una extraña calma, una quietud sobrenatural, como si la paz hubiese llegado al mundo de golpe y todos se hubiesen echado a dormir menos tú...
Me gustaría dormir de día y estar despierta durante la noche, para no perderme ese espectáculo sobrenatural. 
Me gusta pensar que esa luz que me ilumina de madrugada, está haciendo levantarse a los chinos, a los australianos, a los indios, a la gente que está del otro lado del mundo. Gente que está tan lejos y que puede mirar el mismo sol que yo, al mismo tiempo... 

Y sí, lo de la hiperactividad es cierto. Durante el invierno, la ciudad se paraba a las 8 ó 9 de la noche, los coches dejaban de pasar de golpe, no se oía ni un murmullo. Ahora es diferente. Puedes ver gente paseando al perro a las 4 de la mañana, o en bici, o en coche (¿dónde irán...?). 
Mi compañero de piso islandés es buena prueba de ello... Hace varios días que no le veo, sólo le oigo, porque llega a casa muy de madrugada y a las 7 se levanta y se va de casa. Tiene las pilas cargadas por todo lo que ha dormido y dormitado en el oscuro invierno. 
Es un oso, que despierta con la primavera. Y así me siento yo un poco también. 

24 abril 2009

Me gusta...

Como prometí en la última entrada, voy a contar cosas buenas, que haberlas, haylas...

Me gustan las duchas. Poder ducharte durante quince minutos sin pensar en el agua que gastas. Abrir el grifo y que salga algua caliente, muy caliente, sin tener calentador en casa. Abrir el agua fría y que salga algua mineral, y tan fría como salida de la nevera. 
Me gusta la puntualidad de los autobuses urbanos. Son tan puntuales que a veces tienen que parar un par de minutos en una parada porque van adelantados. 
Me gusta cómo respetan las señales de tráfico, y lo poco que corren con los coches. 
Me gusta la tranquilidad que se respira incluso en la ciudad. Los coches no pitan, la gente no grita, las obras apenas hacen ruido, no hay motos. 
Me gusta cómo la gente cuida los espacios comunes. Cómo cuidan los jardines de sus casas y cómo las iluminan con guirnaldas de lucecitas durante el oscuro invierno. 
Me gusta la poca burocracia que hay. Cómo en un sólo viaje a una oficina arreglas los papeleos que en España te llevarían más de una mañana. Que no hay colas en ningún sitio, y que dando tu kennitala (tu número personal), es suficiente para hacer cualquier gestión. 
Me gustan las piscinas, y cómo la gente se comporta en ellas. La impoluta limpieza de todas sus instalaciones y las comodidades que te ofrecen. Y su precio. 
Me gusta poder dejar la puerta de mi casa abierta, y no tener que sacar la llave cuando vengo de la calle con los guantes puestos. 
Me gusta que la gente deje los carritos con los bebés en la puerta de las tiendas y restaurantes, sin preocuparse por nada. 
Me gusta quitarme los zapatos para entrar en las casas, en el colegio donde trabajo y en muchos más lugares. 
Me gusta que esté prohibido fumar en ningún local, sea restaurante o bar de copas. Que llegues a casa y no te huela toda la ropa a tabaco. 
Me gustan los grandes ventanales de las casas, y en especial, el de mi habitación, con vistas al Esja y a la isla de Videy. Me gusta que la ventana de mi habitación esté rota para poder abrirla del todo y sacar la cabeza antes de acostarme, para ver si hay auroras. 
Me gusta la calefacción de las casas. Me gusta poder ir en manga corta por mi casa sin preocuparme de la factura. Me gusta ver nevar desde mi cuarto mientras yo estoy a 20 grados de temperatura. 
Me gusta que no haya ejército  y que la policía no tenga armas. 
Me gusta que todo el mundo sepa hablar inglés...
Me gusta que la ropa se seque en 3 ó 4 horas. 
Me gusta lo limpio que está el aire. 
Me gusta la gente extranjera que he encontrado aquí y cómo te arropan. 
Me gusta el salmón, lo bueno que está y lo barato que es. 
Me gusta la leche y la mantequilla, el skyr (yogur) y la repostería. 
Me gusta que no doblen las películas para poder verlas en el cine. 
Me gusta lo fácil que es aprenderse Reykjavík. 
 
Pero lo que más, lo que más, lo que más me gusta de Islandia, es Islandia...
 
Es una isla mágica, magnética, única, inexplicable... No me canso de admirar sus paisajes, sus cielos, sus noches y sus días. Los fenómenos atmosféricos y los cambios de luz. El alargamiento de los días, las auroras boreales en las heladas noches de invierno, los interminables días de verano... La soledad de los remotos rincones de la isla... Los volcanes y las montañas humenates. La sensación fabulosa de que eres el primer ser humano que pisa un trozo de tierra... Sentirte una hormiguita en el universo cuando observas un imponente glaciar, una cascada o un fiordo deshabitado por completo... Todo esto te hace olvidarte del resto del mundo, es como darle al pause en el tiempo, como si la tierra dejase de girar... 
La pureza del aire, que te permite ver con claridad una montaña que se encuentra a 200 kilómetros de distancia. El silencio, los pájaros y la extraña quietud del mar, que a veces es un espejo... 

Me gusta imaginarme a los primeros visitantes de la isla, aquellos vikingos de hace mil años, cuando vieron por primera vez la tierra echando humo, el geyser, o las murallas de columnas de basalto. 

¿Qué pensaron?